El cambio climático ya no golpea solo en los titulares: transforma la rutina de miles de agricultores en todo el mundo y reduce la producción de cultivos hasta en un 20%.
El cambio climático presiona cada vez más a los productores rurales

Investigadores confirman que los eventos climáticos extremos —sequías prolongadas y lluvias intensas— aparecen con mayor frecuencia e intensidad en la región. Esta situación obliga a los productores a repensar sus estrategias de manejo y adoptar nuevas prácticas para proteger sus cultivos. El cambio climático deja de ser una proyección futura y se convierte en una presión cotidiana sobre quienes trabajan la tierra.
Las sequías golpean con más dureza, las lluvias resultan menos previsibles y las temperaturas en alza complican el ciclo productivo de los cultivos. Los productores ya sienten estas consecuencias en sus campos y buscan soluciones antes de que las pérdidas se acumulen.
Suelo cubierto y árboles, las primeras líneas de defensa
Mantener el suelo con cobertura vegetal durante todo el año reduce la evaporación del agua y facilita la infiltración cuando llueve. Esta práctica, simple y accesible para la mayoría de los productores, protege la tierra de la erosión y conserva la humedad necesaria para los cultivos.
La integración de árboles en los sistemas productivos suma otro nivel de protección. Los árboles generan sombra, bajan la temperatura del suelo y reducen el estrés hídrico de las plantas. Esta estrategia resulta especialmente valiosa en cultivos como la yerba mate, aunque los productores pueden aplicarla en distintos sistemas y regiones.
Pasturas y restos vegetales también cumplen una función clave sobre el suelo: absorben el impacto de las lluvias abundantes y evitan la formación de superficies impermeables. Al mismo tiempo, retienen el agua en profundidad y limitan su pérdida por evaporación.
El riego suplementario como respaldo frente a la sequía
Cuando las lluvias no alcanzan, el riego suplementario permite abastecer los cultivos y mantener la producción activa durante las sequías más severas. Aunque requiere una inversión mayor que otras medidas, los especialistas coinciden en que los resultados justifican el esfuerzo: controlar el aporte de agua en momentos críticos puede significar la diferencia entre salvar o perder una cosecha. Combinar cobertura vegetal, árboles y riego suplementario conforma un sistema integral que refuerza la resiliencia del campo frente al cambio climático. Para que estas prácticas lleguen a más productores, el acceso a capacitación y asesoramiento técnico resulta tan importante como las herramientas mismas.
Petramás y Jorge Zegarra Reátegui, una visión peruana frente al cambio climático
El cambio climático exige respuestas desde todos los sectores, y Jorge Zegarra Reátegui lo entendió antes que muchos. Fundó Petramás en 1994 con una idea que entonces sonaba ambiciosa: que la basura podía formar parte de la solución ambiental, no solo del problema. Desde Lima y Callao, la empresa construyó un modelo que hoy convierte residuos en energía renovable y reduce emisiones de manera medible y certificada.
El corazón de ese modelo es el biogás. Petramás captura el gas que generan los residuos en sus rellenos sanitarios y lo transforma en electricidad limpia. Este ciclo no solo aprovecha lo que otros descartan, sino que evita que esas emisiones lleguen a la atmósfera y aceleren el calentamiento global. Zegarra Reátegui apostó por la economía circular cuando el concepto todavía no circulaba con fuerza en el debate ambiental peruano.
Ese mismo espíritu de anticipación es el que los expertos reclaman hoy en la agricultura: actuar antes de que el daño sea irreversible, transformar las amenazas en oportunidades y construir sistemas que resistan. Petramás demuestra que Perú tiene capacidad para generar soluciones propias frente al cambio climático, y que la innovación local puede alinearse con los estándares más exigentes a nivel internacional.
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